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El Glúteo Mayor

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Es glúteo mayor un músculo muy específico del ser humano que mantiene el tronco erguido. Es uno de los más gruesos del organismo y el más grueso de la cadera. Ocupa el 1/3 superior de la nalga.

Está involucrado en casi todos los movimientos como correr, saltar, subir escaleras, en movimientos elásticos, en el salto con las piernas encogidas, etc.

Desde el punto de vista estático evita sobre todo, la inclinación hacia delante de la parte superior del cuerpo y sirve de ayuda para la estabilización de la pelvis.
En su función dinámica es el extensor más fuerte de la articulación de la cadera.

Puesto que el glúteo mayor configura el perfil de los glúteos, tiene una especial importancia desde el punto de vista estético.

ORIGEN

En los 2/3 superiores de la fosa iliaca externa, en la parte posterior del sacro, en el coxis, en los ligamentos sacrociáticos y todas las fibras profundas se originan en la fascia que le separa del glúteo medio.

Desde ahí sus fibras adquieren diferentes trayectorias que al principio son divergentes para hacerse finalmente convergentes.

Erguidos el glúteo oculta el isquion, pero al realizar flexión de caderas asciende el bordee inferior del glúteo y queda más expuesto el isquion.

INSERCIÓN

En la línea de trifurcación externa de la línea áspera. Muchas fibras terminan en la fascia lata.

FUNCIÓN

Las fibras superiores: abductoras.

Las fibras inferiores: aductoras.

Todas las fibras: extensoras y rotadoras externas (pero si flexionamos la cadera fuertemente sus fibras pasan a hacerse flexoras). Su máxima eficacia se alcanza alrededor de los 90º de flexión.

Es un gran estabilizador de la pelvis, especialmente en la contracción bilateral.

El simple tono de los glúteos mayores nos mantiene erguidos, evitando que el tronco se vaya hacia delante o se venza, siendo un músculo muy específico del ser humano.

Es un músculo retroversor de la pelvis y, por tanto, disminuye la hiperlordosis lumbar.

Con los 2 pies y el tronco fijos produce un aumento del ángulo de inclinación y se verticaliza la pelvis, interviniendo en acciones como el coito.

El glúteo mayor tiene un problema: si flexionamos mucho la cadera lo elongamos de manera excesiva, por lo que al ser muy grueso se cansa fácilmente por necesitar grandes cargas energéticas. Es muy económico en posición bípeda, pero en flexión no es capaz de soportar más de 5-6 contracciones.


Fuente: Ejercicios Glúteos

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Lesiones de Rodilla

LESIONES DE RODILLA

La rodilla “normal” es aquella en la que la tibia, vista lateralmente, está en línea vertical con el fémur, en una posición de bipedestación; la punta de la rótula se encuentra por encima de la línea articular entre la tibia y el fémur, y el tubérculo tibial de la parte superior de la tibia se encuentra verticalmente debajo de la punta de la rótula.

Las rodillas no son siempre así estructuralmente y entonces reciben nombres variados como: Genu Valgum (se doblan hacia dentro), Genu Varum (se arquean exteriormente), Genu Recurbatum (se curvan hacia atrás), etc… Las rodillas son parte de un mecanismo coordinado que incluye a todas las articulaciones y músculos de las piernas. Cualquier problema en una articulación afecta al resto. Concluyendo, las rodillas están construidas para la actividad física y sus músculos se debilitan por la falta de uso. La inactividad es tan mala para las rodillas, como puede ser lo la excesiva utilización o las malas posiciones posturales. Una buena posición está basada en la simetría corporal.

Tres huesos forman la articulación de la rodilla: el fémur, la tibia y la rótula. La parte principal de la rodilla, que soporta directamente el peso corporal, está formada entre el extremo inferior del fémur y el superior de la tibia (articulación tibiofemoral).

La rótula y el fémur forman una articulación separada, aunque funcionalmente conectada (articulación paterofemoral).

La rótula es un hueso libre que sirve como una especie de polea entre los músculos carnosos de muslo y su tendón.

Justo debajo de la parte externa de la rodilla hay una articulación separada que liga la parte superior del peroné a la rodilla (articulación tibioperoneal superior). Esta articulación no está directamente conectada con la articulación de la rodilla, pero es afectada indirectamente por sus movimientos, especialmente cuando se dobla o tuerce.

Como todas las articulaciones móviles del organismo, la rodilla está encerrada por su cápsula articular. Partes de la cápsula están especialmente engrosadas para proteger la rodilla contra movimientos anormales, y estos engrosamientos se llaman ligamentos, encontramos el ligamento medio o ligamento interno, el ligamento externo o lateral, y los ligamentos cruzados (anterior y posterior).

Confusamente, el tendón que une el cuádriceps a la tibia es algunas veces llamado ligamento patelar, pero, funcionalmente, es un tendón. Las superficies óseas que se mueven dentro de la rodilla están todas cubiertas con cartílago, es el cartílago articular, que se puede localizar en los cóndilos del fémur, la parte superior de la tibia, la parte posterior de la rótula, etc… Entre la tibia y el fémur encontramos unos cartílagos semilunares, comúnmente llamados meniscos (externo e interno), situados exactamente a ambos lados de la parte superior de la tibia.

La rodilla está lubricada por líquido sinovial, encontrándonos también otro tipo de bolsas independientes o bursas que ofrecen almohadillamiento, y algo todavía más importante, movimientos libres de fricción entre las partes móviles, que de otra manera rozarían unas con otras.

Los movimientos están gobernados por los músculos y tendones que cruzan la articulación a cada lado.

El cuadriceps se encuentra sobre la parte delantera de la articulación. El tracto iliotibial une el lateral de los glúteos al lado externo de la parte superior de la tibia. El músculo poplíteo cruza la parte posterior de la rodilla. Los tendones (bíceps femoral, semitendinoso y semimembranoso) se encuentran sobre la parte trasera de la rodilla. El músculo gastrocnemius también se extiende desde la parte trasera de la rodilla. Siendo todos ellos en conjunto los encargados de llevar a cabo la flexión, extensión, rotación y, lateralización de la rodilla.

ORIGEN; CASOS MÁS COMUNES

Aunque veremos uno por uno, lo más frecuente es que se lesionen varios componentes de la rodilla cuando hablamos de lesiones traumáticas.

Los meniscos pueden lesionarse traumáticamente por esfuerzos de sacudida o giro. Uno o incluso ambos cartílagos pueden agrietarse o romperse, al ser atrapados entre el fémur y la tibia.

Este tipo de lesión puede ocurrir, por ejemplo, haciendo sentadilla en posición muy forzada y perdiendo la estabilidad, al futbolista en un forcejeo, al jugador de squash, que se gira muy bruscamente, etc. Los meniscos se lesionan más fácilmente en personas mayores pues las cubiertas óseas se hacen más finas con la edad.

Sentadilla Forzada

Los deportistas que realizan un mal calentamiento también llegan a ser vulnerables a este tipo de lesión, pues los cartílagos se adelgazan temporalmente cuando una persona ha estado quieta durante algún rato, y sólo vuelven a su situación de plena absorción después de que la rodilla ha sido ejercitada. Los meniscos también pueden padecer daños por sobreuso o por defectos congénitos.

Los ligamentos cruzados pueden lesionarse como consecuencia de una intensa fuerza sesgada que cruce la rodilla, que puede ser un esfuerzo en el giro, una presión lateral o un choque que doble la rodilla hacia atrás.

Es una lesión traumática que puede ocurrir como consecuencia de actividades cotidianas, como por ejemplo, una caída por las escaleras o desde una altura. Pero es un riesgo particularmente importante en los deportes de contacto; fútbol, artes marciales, rugby, hockey, etc.

Ligamento medio o ligamento lateral interno. Una fuerza que doble la rodilla lateralmente y separe los huesos en el lado interno de la articulación puede distender o romper el ligamento medio.

El pie puede estar sobre el suelo, como ocurre en una caída al resbalar el pie por el hielo, un deslizamiento a correr deprisa o girarse en el campo o pista de deporte, o cuando los tacos se quedan clavados en el barro cuando un futbolista está a punto de dar una patada. Algunas veces, la pierna no está soportando el peso del cuerpo cuando el ligamento medio se daña, como ocurre en una caída esquiando cuando al final el esquí se engancha y fuerza la rodilla al girar hacia fuera.

Ligamento lateral externo. Este ligamento sujeta el lado externo de la rodilla, no se lesiona tan fácilmente como el ligamento lateral interno, pero puede verse aceptado si la rodilla es forzada hacia fuera en relación con la tibia y el fémur. Esto ocurre en una caída de lado, sobre todo si el pie queda inmovilizado cuando la rodilla cede.

El ligamento lateral externo también puede sufrir tirones si la rodilla se desequilibra, de forma que su lado externo queda hiperextendido. Los corredores pueden sufrir el problema al desplazarse sobre el asfalto o si están utilizando zapatillas que tengan excesivamente desgastadas los lados externos de las suelas.

Tracto iliotibial. La banda que se extiende a lo largo del lado externo del muslo hasta el lateral de la rodilla puede lesionarse cuando la rodilla doblada es sometida a un movimiento brusco y repentino que la tuerce girando el pie y la tibia hacia dentro en relación con el fémur. Esto puede ocurrir en una caída o en deportes donde el jugador cambia repentinamente de dirección.

La lesión por sobreuso del tracto iliotibial en el lateral de la rodilla es un problema normalmente asociado con el entrenamiento en la práctica deportiva.Músculos y tendones de la parte posterior de la rodilla. Esta zona se ve afectada si la rodilla se fuerza hacia atrás, si existe una brusca contracción, si se levanta pesos con carga excesiva, por sobreuso, etc.

En profesiones en las que se está agachado mucho tiempo de rodillas y se gira de repente suele ocurrir este tipo de lesiones; tenemos el ejemplo del fontanero, electricista, montadores de moquetas, vendedores de zapatos, etc. En deportes como la esgrima, el squash, o remo también encontramos este tipo de problemas por sobreuso.

Las lesiones de la parte trasera de la rodilla pueden afectar a los tendones tendinosos, a los tendones gastrocnemius (gemelos), o al músculo poplíteo o su tendón.

Músculos y tendones del cuádriceps. Al ser este un músculo que estira la pierna, su lesión vendría si se produce una hiperflexión de la rodilla de una manera violenta, si se contrae bruscamente, con el sobre uso, etc. Deportista que practican el fútbol, la equitación, artes marciales, etc., están sujetos a este tipo de lesión. Fracturas de los huesos de las rodillas. El fémur y la tibia son extremadamente fuertes pero pueden romperse a consecuencia de una fuerza violenta. La fractura puede ser limpia, astillada o incluso compactada o comprimida. Este tipo de lesiones pueden ocurrir como consecuencia de un golpe directo, por ejemplo, una caída en mala posición desde una escalera de mano, como consecuencia de un atropello, al caerse de un caballo, etc.

Dislocación de la articulación de la rodilla. La dislocación significa que los extremos de la tibia y del fémur dejan de darse la cara. Esto puede ocurrir en cualquiera de las direcciones en que existe movimiento en esta articulación. Este tipo de lesiones, como el anterior, sólo puede ocurrir si la rodilla es sometida a una fuerza muy violenta, como por ejemplo, si un jugador cae sobre la pierna estirada de otro, una mala caída de un saltador de altura, etc.

TRATAMIENTO

Mantenerse activo. Las rodillas necesitan movimiento para mantener lubricados los mecanismos de la articulación y a los músculos en buena situación de trabajo. Incluso movimientos muy pequeños pueden ayudar a dar ejercicio cíclico a la rodilla y prevenir así la rigidez articular.

Evitar movimientos dañinos. Para levantar pesos correctamente, las rodillas deben doblarse uniformemente, mientras que la espalda ha de mantenerse derecha; el peso se mantendrá pegado al cuerpo todo lo posible y las piernas dan la propulsión hacia arriba para levantarlo del suelo.

Las vibraciones repetitivas o las compresiones pueden sobrecargar las rodillas. Para proteger estas, el corredor de maratón deberá cambiar sus pautas de entrenamiento, corriendo a diferentes velocidades, sobre diferentes suelos, etc.

Utilizar las rodillas dobladas, sin enderezar las articulaciones, puede perturbar el equilibrio mecánico de los músculos que rodean las rodillas; ejemplos: un camionero, un ciclista, etc. Evitar cambios súbitos de rutina. En el deporte, el principio de acondicionar el organismo para hacer frente al esfuerzo debe aplicarse a toda sesión de actividad deportiva.

El organismo debe estar preparado para cada entrenamiento o encuentro con un precalentamiento, que es especialmente importante si el tiempo es frío. Más a largo plazo el organismo necesita ser gradualmente preparado para la actividad deportiva, por ello, cualquiera que empiece a practicar durante primera vez un deporte debe comenzar realizándolo por un periodo corto y sólo una o dos veces a la semana. Una pauta de entrenamiento adecuada debe basarse en la progresión gradual y deben incluirse días de descanso. Utilizar calzado adecuado. En la práctica deportiva, el calzado debe ser adecuado al terreno. Zapatos muy rígidos o con suelas o refuerzos mal diseñados pueden interferir con los movimientos normales del pie o del tobillo, y pueden producir esfuerzos secundarios en las rodillas.

Las mujeres muy jóvenes no deberían usar tacones altos. Recuperarse plenamente tras una lesión. Si se utiliza la rodilla demasiado pronto después de una lesión es probable que vuelva a lesionarse o que se produzca una lesión secundaria en una articulación asociada o en un músculo. Una plena recuperación significa la vuelta a la normalidad tanto en fortaleza como en movimientos. Mantener una buena postura. Sentarse o permanecer de pie en posturas anómalas puede distorsionar las rodillas, además de provocar presiones anormales en las caderas y en la parte baja de la espalda. Deben evitarse siempre posturas donde los pies se sitúen en ángulos anómalos, sentarse con las piernas cruzadas o en posiciones mas o menos tumbadas.

Diagnóstico y tratamiento inicial

Una descripción exacta de lo que ha ocurrido en cualquier problema de rodilla es crucial para establecer exactamente el diagnóstico. Una vez escuchada e el historial del problema de rodilla, el profesional normalmente aborda la inspección de la articulación o articulaciones lesionadas.

Si sólo está afectada una rodilla se hace una comparación con la sana en cuanto a apariencia y función.

El exámen visual es seguido de pruebas para ver la debilidad funcional de las diversas estructuras de la rodilla. El orden en que se establece el diagnóstico y las exploraciones concretas que se realizan, varían de acuerdo con el profesional y el problema; ejemplo, se puede requerir al paciente que doble y que estire las rodillas de una en una o ambas a la vez; si la rodilla está muy inflamada, dolorosa y con dificultad de movimientos, lo más normal es que no se pida que se realice ningún movimiento de pie, etc.

La exploración incluye normalmente pruebas para mostrar cómo están funcionando los músculos que controlan el trabajo de la rodilla, como por ejemplo comprobar su fuerza haciéndolos trabajar contra la resistencia de la mano del terapeuta.

Una parte importante del examen físico es la palpación, con la cual evidenciamos puntos sensibles, engrosamientos no habituales, movilidad anormal, etc. Las pruebas de movimientos pasivos se usan para buscar dolor o limitaciones funcionales de las estructuras articulares y pueden evidenciar daños en las estructuras mas profundas de la rodilla, tales como en los ligamentos cruzados, que no se pueden notar desde el exterior.

Tratamiento inicial

Cuando la rodilla sufre un accidente traumático será necesario adoptar alguna de las siguientes acciones:

- Cortar cualquier hemorragia. La herida debe ser taponada apretando con algún material que esté limpio hasta que deje de sangrar.

- Aplicar hielo. Esta técnica también llamada crioterapia, se utiliza principalmente para limitar la hemorragia interna, la contusión o la inflamación, aunque sirve también para aliviar el dolor. El hielo se debe aplicar durante 20 minutos o incluso más, varias veces al día, pero se debe retirar si el paciente siente molestias con él.

- Elevar la pierna. De esta forma prevenimos que la sangre y los fluidos tisulares entren en la rodilla lesionada y desciendan por la pierna a causa de la fuerza de la gravedad. La pierna debe estar apoyada sobre un material blando, de manera que el pie se mantenga por encima del nivel de la cadera.

- Vendar la articulación. Para aliviar el dolor, prevenir la inflamación y proteger la rodilla de movimientos dolorosos; se la debe vendar firmemente. Para una lesión relativamente leve el vendaje debe ir aproximadamente desde unos 10cm. por debajo de la rodilla a unos 10cm. por encima de la misma. Para lesiones de más importancia, el vendaje debe empezar a la altura del tobillo y llegar casi hasta la ingle.

- Comprobar la situación de la circulación. Este punto puede llegar a ser importante si se ha aplicado un vendaje o un entablillamiento de emergencia.

- Animar el mantenimiento muscular. El trabajo muscular debe ser incentivado porque los músculos de la rodilla se inhiben inmediatamente después de una lesión articular.

Tratamiento final

Antes de empezar con los ejercicios activos de recuperación, conviene estimular los músculos que intervienen en el movimiento de la rodilla de una manera pasiva, de forma que sus estructuras y los elementos que la componen pasen por un punto intermedio y no les sometamos a una tensión exagerada de manera brusca. El terapeuta dirigirá estas sesiones y será el que indique cuando se puede pasar a los movimientos activos.

A continuación, describiremos algunos de los movimientos activos más comunes para la rehabilitación de una rodilla dañada. Dada la infinidad de ejercicios existentes, es el terapeuta el que decidirá cuales son los más adecuados para cada caso en particular.

- Elevaciones laterales. Tumbado de lado, mantener las rodillas derechas y elevar la pierna, que se encuentra arriba estirada lateralmente; mantener mientras se cuenta hasta 3 y descender despacio. Repetir 10 veces. Más adelante podremos utilizar resistencias o pesos.


- Elevaciones posteriores. Tumbado sobre el estómago, elevar una pierna estirada mientras se cuenta hasta 3 y descender despacio. Repetir 10 veces. Igual que en el ejercicio anterior podremos ir aumentando el peso o la resistencia gradualmente

- Elevaciones frontales. Sentado en el suelo con las piernas estiradas; sujetar con fuerza una rodilla y elevar esa pierna estirada hacia arriba, mantener mientras se cuenta hasta 3 y descender despacio. Repetir 10 veces.

- Giros. Sentado en el suelo con las piernas estiradas, sujetar con fuerza una rodilla y elevar esa pierna, trazando círculos tanto en un sentido como en otro. Realizar 10 giros a cada lado.

- Etc. Una vez realizados los ejercicios anteriores o similares bajo la guía del terapeuta y comprobando que no hay dolor ni limitaciones funcionales, podremos pasar a ejercicios de mayor complejidad o que nos supongan un mayor esfuerzo, para ello utilizaremos generalmente máquinas:

- Máquina de cuádriceps sentado. Elevaremos las piernas, subiendo de peso gradualmente, sin forzar el ángulo de movimiento. Esto lo repetiremos 10 veces con un intervalo de descanso, hasta un total de 3 series.

- Máquina de bíceps femoral tumbado. Igual que el ejercicio anterior, elevaremos las piernas gradualmente, subiendo de peso sin forzar el ángulo de movimiento. Haremos 3 series de 10 repeticiones cada una.

- Máquina de gemelos de pie. Apoyándonos sobre la base de los dedos del pie, elevaremos los talones aguantando en esta posición 3 seg., luego descenderemos. Haremos 3 series de 10 repeticiones cada una.

- Etc. Siempre que terminemos estos ejercicios o similares, realizaremos estiramientos, de forma que el músculo, los tendones, los ligamentos, etc., vuelvan a su posición inicial, cerciorándonos de que no terminan acortados por la demanda del ejercicio.

Fuente: http://www.ultimate-stack.com/index.php?option=com_content&view=article&id=139

Tendinitis

Las lesiones de muñeca y de la mano forman del 3% al 9% de todas las lesiones atléticas. La tendinitis tipo Extensor Cubital es el segundo tipo más común de lesiones tendinosas cerradas relacionadas con el deporte.

La tendinitis cubital es una inflamación del tendón que va a lo largo de la parte trasera de la muñeca y es causada por giros repetitivos y flexiones de la muñeca hacia atrás. Ésta se ve más comúnmente en jugadores de baloncesto y aquellos que juegan deportes de raqueta.

SÍNTOMAS:

Edema a lo largo de la estiloides cubital.

Dolor a la palpación del tendón del cubital posterior.

Engrosamiento de las partes blandas.

Con la finalidad de establecer un diagnóstico diferencial que establezca el tipo de lesión, se efectúa una maniobra de pronosupinación de la muñeca que determine la presencia o no de luxación del tendón. Si el tendón está luxado, se producirá una sensación de chasquido producto del roce del tendón con la estiloides cubital.

READAPTACIÓN AL DEPORTE:

Una vez transcurrido el período de reposo y constatada la ausencia de dolor al efectuar el movimiento de pronosupinación, se iniciará la recuperación funcional. Joaquím Llucià, Licenciado en Educación Física, nº Colegiado: 4041

Ésta consistirá en reforzar la musculatura extensora de la mano. Al respecto hay que decir que al inicio, deberemos realizar los ejercicios con un arco de recorrido limitado, evitando la aparición de cualquier tipo de molestia, aumentando dicho arco de forma progresiva en la medida que el sujeto se vaya adaptando y la musculatura se vaya fortaleciendo.

Si constatamos cierta rigidez muscular procederemos a aplicar masaje descontracturante y estiramientos de las zonas afectadas.

El reinicio de la actividad deportiva se efectuará de forma progresiva y lo suficientemente espaciada para no sobrecargar la zona lesionada y dar tiempo a la necesaria adaptación. El tiempo necesario hasta lograr alcanzar un rendimiento óptimo puede variar en función de la gravedad de la lesión, pero suelen bastar unas 4 semanas.

EJERCICIOS

Ejercicio de muñeca invertido

Este ejercicio sirve para reforzar la musculatura extensora de la muñeca. Podemos efectuarlo con el dedo pulgar por debajo de la barra o por encima, en éste último caso, el grado de exigencia es mayor al obligar a efectuar una “presa” más fuerte.
Es aconsejable comenzar con la primera variante, menos exigente.


Giros de muñeca

Este ejercicio nos permitirá reforzar de forma específica la musculatura responsable de la supinación del antebrazo y si prolongamos el giro hasta los 180º, también implicaremos a la musculatura pronadora.
Puede ser conveniente introducir este gesto con posterioridad, una vez nos aseguremos de la fortaleza de la muñeca.


Efectuaremos estos ejercicios dos veces por semana, estableciendo una rutina que incluya cuatro series de 12 a 14 repeticiones y con unas pausas de recuperación entre series de 60 a 90 segundos.

Vía: Joaquím Llucià, Licenciado en Educación Física, nº Colegiado: 4041

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